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París, COP21: el cambio climático en la agenda nuclear

La Asociación Nuclear Mundial ha usado la COP21 para proclamar el objetivo de construir 1000 Gigavatios mundiales de potencia en nuevos reactores atómicos como un ambicioso programa de reducción de emisiones.
_omissis_ on 09/12/2015 - 21:50 in Ambiente, Cambiamenti climatici, Nucleare

por Miguel Muñiz*

Sólo hace unos días que se inauguró la 21 edición de la Conference of Parts (COP21) sobre el cambio climático, y su desarrollo ya comienza a seguir el guión informativo de las 20 ediciones anteriores: en los días previos y en la inauguración, apelación a la transcendencia de la cumbre; en el transcurso de la misma, artículos divulgativos varios sobre las dificultades para llegar a un acuerdo, sobre los diversos responsables de dicha dificultad, una escalada de noticias sobre la decepción, los desafíos, los llamamientos de la sociedad civil, fragmentos de grandes discursos, especulaciones varias; cuando se aproxime la clausura, referencias a la cuenta atrás para cerrar un acuerdo, a las maratonianas sesiones realizadas fuera de calendario para salvarla, etc.; cuando acabe se publicarán los balances y los retos de futuro que para la siguiente edición de la COP.

Y así desde 1997. Es un guión tan repetido que avergonzaría a cualquier periodista con un mínimo de ética (1) pero que, como aquellas superproducciones cinematográficas de gran presupuesto que repiten ligeras variaciones del mismo argumento episodio tras episodio, siempre cuentan con un público incondicional que las aplaude. En la reunión de París se añade, además, el dramatismo del objetivo de limitación del incremento de la temperatura global de la Tierra a 2 grados centígrados mediante un acuerdo que sustituya al Protocolo de Kioto redactado en 1997. Caducado en 2012, se trata de un Protocolo ambiguo cuya renovación fracasó en 2009, y se disimuló con una chapucera prórroga hasta 2020.

Porque entre el tiempo que va desde las imponentes declaraciones de la Convención Marco sobre el Cambio Climático de la Cumbre de Río de 1992, a las nulas concreciones que se esperan en esta reunión de 2015, las diversas reuniones de la COP transitan por un largo camino de fracasos: la aceptación de todas las trampas de la flexibilidad en el cálculo de los gases que causan el cambio climático, el fiasco de los mercados de emisiones (un intento de aplicar el dogma neoliberal al conflicto ambiental que no pasó del ensayo), el éxito de las maniobras y manipulaciones de los negacionistas a sueldo de las compañías energéticas para ocultar la evidencia científica a la sociedad y justificar la falta de voluntad de afrontar los conflictos políticos.

La escenificación en París es de grandes dimensiones. Si verificar el cumplimiento del porcentaje de reducción de emisiones de gases causantes del cambio climático que establecía el Protocolo de Kioto era casi imposible, calculen ustedes cómo se puede comprobar si se está consiguiendo una limitación de 2 grados centígrados en la temperatura media de todo el planeta. El lema de la COP 21: Por un acuerdo universal sobre el clima, es tan ampuloso como vacío de contenido.

Lo que permite que la industria atómica y los organismos a su servicio aprovechen la coyuntura, y vuelvan a la carga con su conocida mentira de que se necesita un ambicioso programa nuclear para alcanzar esos 2 grados de límite. Así, la Asociación Nuclear Mundial ha usado la COP21 para proclamar el objetivo de construir 1000 Gigavatios mundiales de potencia en nuevos reactores atómicos como un ambicioso programa de reducción de emisiones. Para entendernos, unos mil reactores más como cada uno de los 7 que funcionan en España (2).

En varias ocasiones se ha demostrado la mentira de que las centrales atómicas no emiten gases causantes del cambio climático, pero la industria nuclear y sus palmeros saben que tienen el poder de repetir dicha mentira a gran escala, una parte importante de los medios de información están a sus órdenes, por eso vuelven a ella una y otra vez; son conscientes de que repetir continuamente la mentira lleva a su aceptación por una parte de la sociedad. Toca, pues, un repaso a las cifras reales, y también extraer algunas conclusiones que están más allá de ellas.

Sin combustible un reactor atómico es un artefacto inútil. La fabricación de ese combustible significa emitir cantidades importantes de gases causantes del cambio climático. Dichas cantidades dependen de muchas variables, pero se puede realizar un cálculo mínimo de emisiones. En cada recarga, las centrales atómicas suelen cambiar la tercera parte del combustible del reactor, lo que significa un mínimo de 28,8 toneladas de óxido de uranio nuevo. Fabricar esa cantidad de combustible implica extraer el mineral, triturarlo y convertirlo en pastel amarillo; transportar el pastel amarillo a las fábricas de conversión y enriquecimiento; realizar dicha conversión y enriquecimiento y fabricar las pastillas de óxido de uranio; transportar las pastillas a la fábrica de elementos combustibles; fabricar las barras de combustible y, finalmente, trasportar las barras de combustible hasta la central nuclear correspondiente. Luego hay que afrontar la cuestión de los residuos, pero dejemos ese tema aparte.

En cada de etapa de fabricación se emiten grandes cantidades de gases de cambio climático, para empezar las minas que abastecen a las centrales nucleares españolas están en Canadá, Australia, Sudáfrica, Níger, Namibia y los territorios asiáticos de Rusia; y las fábricas de combustible están en Estados Unidos, Rusia y Francia; el combustible debe viajar luego a España para fabricar las barras, y después a cada central atómica. Tenemos, pues un importante volumen de emisiones de gases causantes del cambio climático en los transportes en camiones, barcos o trenes a lo largo de miles de kilómetros de ruta. Si partimos sólo de las minas de uranio de Níger, que están relativamente cercanas, el recorrido de los diversos viajes supera los 11.000 kilómetros.

Pero además el mineral de uranio es escaso, por lo que se precisan enormes cantidades de roca para obtener el uranio necesario para el combustible atómico. En un yacimiento de nivel medio de riqueza de mineral, y a una distancia mínima, como son las minas de Níger, hay que remover, triturar y moler unas 380.000 toneladas de rocas para obtener las 244 toneladas de uranio que son la materia prima para fabricar las 28,8 toneladas de combustible atómico de una sola recarga.

Se necesita maquinaria pesada para ese trabajo, una maquinaria que consume gasóleo, gasolina o electricidad de origen fósil (carbón, gas o derivados del petróleo) y emite gases que causan el cambio climático: martillos neumáticos, excavadoras, tractores y camiones; molinos para triturar el mineral; máquinas de remover y mezclar, para extraer, moler y transformar (incluyendo la disolución con ácidos).

Y cuando esa materia prima llegue a las fábricas se pondrán en marcha las centrifugadoras para concentrarla, y luego la maquinaria para fabricar las pastillas. En otros lugares se habrán fabricado las barras metálicas del combustible y habrá que montarlas: más emisiones aún de gases que causan el cambio climático.

Un cálculo aproximado de la cantidad de gases causantes del cambio climático que se produce en todo el proceso supone un mínimo 1860 toneladas para cada recarga de combustible en cada uno de los 7 reactores atómicos que funcionan en España, si consideramos que se necesitan tres recargas para completar el combustible de un solo reactor, y que cada recarga se realiza cada 12 o 18 meses (depende de cada central) los volúmenes de emisión de dichos gases se disparan, y la mentira de las centrales atómicas que no emiten gases que causan el cambio climático queda en evidencia (3).

Y se trata sólo del cambio de combustible, no toca hablar sobre la cantidad de materiales radioactivos que se dispersan envenenando el aire, el agua y la tierra debido a la minería, las fábricas y los transportes del ciclo nuclear; sobre la cantidad de proyectiles de uranio empobrecido que se producen con los residuos de la fabricación de dicho combustible; sobre las enfermedades causadas por las bajas dosis de radiación que los reactores emiten en su funcionamiento normal; sobre el problema sin solución de los residuos que las centrales dejarán para un futuro inabarcable.

Pero no es solo eso. La industria nuclear y sus palmeros saben perfectamente que construir 1000 nuevas centrales nucleares es imposible. No hay suficiente mineral de uranio en la Tierra para hacerlas funcionar, ni el petroleo ni los minerales necesarios para fabricar los componentes y acometer las gigantescas obras de construcción. ¿A qué viene, pues, la reivindicación fantasma?

Viene a que los defensores de las atómicas luchan por mantener la hegemonía de su agenda: conseguir se alargue por ley a 60 años el funcionamiento de los reactores activos, limitar el debate nuclear a falsas disyuntivas económicas (encarecimiento o abaratamiento eléctrico) (4), difundir fantasías técnicas (los reactores pequeños, los intrínsecamente seguros, los de fusión, los de Torio, etc.) y, sobre todo, mantener un espeso manto de silencio sobre las consecuencias de salud, sociales y ecológicas de Fukushima, de Chernóbil.

Y es ahí, en el contexto de la agenda nuclear, en el que aprovechar la ocasión que brinda la COP21 en París para crear una excelente maniobra de distracción, es lo mínimo que se puede hacer. La oportunidad y los recursos existen, y se utilizan.

REFERENCIAS

(1) Basta revisar los titulares de las ediciones electrónicas de los diarios más conocidos a medida que se van sucediendo las diferentes reuniones COP. Una muestra enhttp://elpais.com/tag/cumbre_del_clima/

(2) 1000 Gigawatts of new nuclear capacity will support an ambitious COP 21 agreement. World Nuclear Association Press Release 30/11/2015 http://world-nuclear.org/Press-and-…

(3) Aquellas personas interesadas en revisar los cálculos pueden encontrar las cifras detalladas en http://www.sirenovablesnuclearno.or…

(4) Un ejemplo en ¿Puede España prescindir ya de la energía nuclear?, 02/12/15http://www.eldiario.es/zonacritica/…

* Miguel Muñiz es miembro Tanquem les Nuclears – 100% EER, y mantiene la página de divulgación energética http://www.sirenovablesnuclearno.org/

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